Fase I
Todo es frágil y te sientes vulnerable, tienes miedo y todo gira entorno a la duda, nada es rosa son mezclas de gris y azul y a veces imaginas que no eres tu. Todo es banal y no tiene sentido, a veces piensas que nada bueno te ha de pasar, o simplemente todo te da igual, no es desamor no es despecho o desilusión, es inconformidad.
Fase II
Y de a poco renaces de ese estado perplejo que dejó ese torbellino vicioso y mal acostumbrado, las costuras a media cosida, supurando el veneno que antes era una especie de poción mágica que emanaba de tus poros, resentido y agotado intentas recobrar energías para empezar la faena nuevamente, aunque con la mente truncada y poco esperanzada cometes más errores el numero de errores por evitar a cometer. La mente ocupada evade malos recuerdos pero conserva y repite los mas gloriosos momentos, luego caes en comparaciones poco saludables. Molesto, disgustado, angustiado y solitario el corazón sigue funcionando pero jamás destrozado quizá cansado y aburrido pero nunca roto, pues si fuese así estaría bajo tierra y en la memoria de muchos.
Fase III
¿y por qué no? es la pregunta que abre tu mente a nuevas experiencias, vas de apoco en un terreno minado, paciente y cuidadoso de no tropezar con los indicios del pasado, abres tu diario y te aventuras a registrar cada síntoma de enamoramiento estúpido y tratas de ocultarlo para no generar pánico a quien se acerca, quisieras tener un lector de mente y conocer lo esencial en menos de unos instantes para así poder descartar opciones desfavorables pero luego te das cuenta que no es así y todo se trata de un ensayo y error repetitivo para cada individuo.
Fase IV
Si el amor es la razón de nuestra existencia, y que según muchos es la fuerza sobrehumana que arropa la bondad y destruye la maldad; concédeme ahora la virtud de alcanzar mi paz espiritual, mi equilibrio sentimental y el valor de volver a amar....
